Un ecosistema vivo en el corazón del Campo Charro
Castillejo de Huebra se encuentra en un entorno natural privilegiado, en plena dehesa salmantina. Encinas, pastos, matorral y espacios abiertos forman un paisaje de gran valor ambiental, modelado durante generaciones por la convivencia entre la naturaleza y la ganadería extensiva.
La variedad de hábitats proporciona alimento, refugio y zonas de reproducción para numerosas especies propias de la fauna ibérica. Aves como el águila, la cigüeña o el buitre encuentran en este territorio las condiciones necesarias para desarrollar su ciclo natural, contribuyendo al equilibrio y la riqueza del ecosistema.

Ganadería y naturaleza en equilibrio
El toro bravo forma parte activa del ecosistema de Castillejo de Huebra. Criado en libertad, contribuye al mantenimiento de los pastos y al control natural de la vegetación, reduciendo la acumulación de maleza y ayudando a prevenir los incendios forestales.
La ganadería extensiva permite conservar espacios abiertos, proteger la biodiversidad y evitar el abandono del territorio. Esta relación equilibrada entre el ganado, el paisaje y la actividad humana mantiene viva una forma tradicional de cuidar la dehesa, garantizando su conservación para las generaciones futuras.

Las encinas, guardianas de la dehesa
Las encinas son uno de los elementos más representativos de Castillejo de Huebra y desempeñan una función esencial en la conservación del entorno. Sus raíces ayudan a fijar el terreno, reducir la erosión y mantener la humedad del subsuelo, favoreciendo también la recarga natural de los acuíferos.
Además, estos árboles actúan como sumideros de carbono y proporcionan sombra, alimento y refugio a diferentes especies. Su presencia permite conservar la estructura característica de la dehesa y mantener un paisaje preparado para afrontar los periodos de sequía propios del clima mediterráneo.



